ÓPERA: Sueño de una noche de verano
“Sueño de una noche de verano” de Benjamin Britten, llenó el escenario del Teatro Real de una fantasía de luz y de color que hizo las delicias del público y de los actores, en su mayoría niños. Como si de la carpa de un circo se tratara los espectadores se vieron sorprendidos por las acrobacias de los artistas que se desplazaban en el aire como estrellas fugaces. La ópera hace guiños al espectador incluso antes de que se levante el telón. Mientras suenan los instrumentos de la orquesta, afinando, por debajo del telón comienzan a asomar las cabecitas de los niños actores, tumbados en el suelo, hablando entre ellos y moviéndose con naturalidad mientras el espectador se sorprende ante esa audacia del director de escena. Los niños, en esta ópera, tienen un gran protagonismo y aparecen en casi todas las escenas La ópera, según la obra homónima de Willian Shakespeare, rompe con cualquier estereotipo de los que estamos acostumbrados. Todo es bello, la escenografía, el vestuario, la interpretación, la música. Originalísimos los trajecitos de los niños iluminados con pequeñas luces que, con el movimiento, llenaban de magia la escena. La música, bajo la batuta de Ibor Bolton, consigue que la representación resultara de una auténtica belleza que recordaba al mundo de Disney. En estos tiempos convulsos se necesitan momentos así. La ópera, en tres actos, se basa en la pieza teatral con el mismo nombre, El sueño de una noche de verano, en la que se mantienen casi todas las características del original, aunque muy resumido para adaptarse a la duración de una ópera. Se estrenó el 11 de junio de 1960 en el Festival de Aldeburgh y la dirigió el propio compositor, Peter Pears. La historia se desarrolla en Atenas y en tiempos mitológicos. Tras los primeros momentos, impactantes para el espectador, en el escenario aparecen el rey de los elfos y de las hadas, Oberón, quien pide al duende Puck que busque una hierba mágica que hará que quien la ingiera, al despertar, se enamorará perdidamente de la primera persona que vea. En escena se encuentran también, Lisandro y Hermia, que van a casarse pese a la oposición del padre de Hermia. Aparece otra pareja, Demetrio y Helena, pero Demetrio ama a Hermia. Existe un cruce de amores cruzados no coincidentes los hacen desgraciados. Por eso, Oberón quiere ayudar a Helena que está enamorada de Demetrio. Para complicar la situación, aparece en escena un grupo de toscos artesanos que ensayan una obra de teatro que representarán en la boda de Teseo. Van vestidos de forma esperpéntica, incluso uno de ellos lleva unas orejas de asno. Aparece Puck con el elixir que echa en los ojos de Lisandro. Al despertar ve a Helena y se enamora perdidamente de ella. Oberón hechiza también a Tytania y encanta a uno de los actores, al que lleva las orejas de asno. Tytania, al despertar, ve al asno y se enamora locamente de él. La escena, ya sumida en un perfecto disparate, hace las delicias del espectador con las palabras de arrobamiento y amor que dirigen los protagonistas a sus erróneos enamorados. Helena y Hermia se pelean con energía mientras Lisandro y Demetrio se baten en duelo. Ya están todos agotados y se retiran para descansar. Mientras duermen, Oberón decide retirar el hechizo a su reina reconciliándose con ella. Y al despertar, todos se emparejan correctamente. Por fin la boda de Teseo con Hipólita podrá desarrollarse como era su deseo; y junto a ella la de las otras dos parejas. Todos felices se alejan cantando mientras las hadas bendicen la casa y a todos los que en ella habitan. El final, si bien, podría calificarse de final feliz, la ambigüedad intencionada del autor de la obra, Shakespeare, del director Briten y de Pears, los tres homosexuales, no es más que una mascarada colectiva que hace de ese final feliz algo antinatural. Los tres actos de duración de este Sueño de Verano llenan el escenario de un gran espectáculo donde los espectadores disfrutan desde el primer minuto haciendo que su imaginación regrese a la niñez perdida. Una belleza donde el lucimiento, tanto de actores como del equipo técnico es incuestionable. Si tienen oportunidad, no se la pierdan. CONCHA PELAYO



















