Tuesday, May 01, 2012

Damien Hirst en el TATE MODERN de Londres

No se sabe si para burlar a la muerte o para demostrar que el dinero es el que ordena el mundo, Damien Hirst expone sus obras en el Tate Modern de Londres, unas obras que nos recuerdan, por lo estrafalarias, a las que se muestran de vez en cuando en ARCO, la feria internacional de arte contemporáneo de Madrid. La cabeza de una vaca dentro de una urna de cristal herméticamente cerrada, para que no huela, aunque no lo consigue demasiado, la rodean repugnantes moscas que revolotean hasta caer muertas -también para demostrar el tiempo de vida del insecto-. Vacas seccionadas en dos mitades, disecadas y en formol nos enseñan sus vísceras con toda crudeza y el color que adquiere cada una de ellas a medida que pasa el tiempo. Otra puesta en escena son colillas de cigarrillos en diferentes formatos: en ceniceros, amontonadas sobre una mesa o en vitrinas como si fueran objetos minúsculos de gran valor. Y como colofón, una calavera auténtica forrada con una red a la que ha incustrado 1600 diamantes. Un escándolo y una provocación, sin duda. Lamentablemente no pude fotografiarla. El arte contemporáneo sigue siendo esa manifestación que deja al espectador estupefacto, sin palabras, sin saber qué pensar y sin saber exactamente qué pasa por la cabeza de algunos artistas.

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